Día del libro – autoras – daretobegirl

http://daregirl.es/2021/04/22/especial-diadellibro2021-vol-i-arte-nos-recuerda-pertenecemos-aqui/

Andrea Tovar (escritora, redactora, correctora y todo lo que acabe en «-ora» menos cantaora).

Este es un tema que me toca mucho la fibra, la verdad. Quiero decir que me escama viva pensar que la Historia con mayúscula ha sido escrita enteramente por hombres hasta hace bien poco. Por eso elegir autoras es parecido a comer solo verdura en un bufé libre. Eso es tan triste que ojalá cada tía del mundo se ponga ahora mismo a dar su chapa solo por equilibrar la balanza. Y eso también explica que cada vez que veo un libro firmado por una mujer —máxime si es joven—lo compre sin dudar. Bueno, que lo compre sin dudar si tiene buena pinta, claro. Que tampoco vamos a ser más papistas que el Papa y no tengo tanto dinero: soy escritora, no influencer.

Dicho esto, tengo que referirme a la diosa suprema: JK Rowling. Los zeta alegan que ya no se permite amar a esta mujer porque hizo alguna declaración que no era políticamente correcta, pero gracias al Cielo soy millennial y mi corazón pertenece a Hogwarts. De hecho, cuando nos pidieron en el cole escribir una redacción sobre nuestras «heroínas», el 99% de la clase escogió a sus respectivas madres y yo a Jotaká: me parece que marcarse una saga de 7 volúmenes en plena miseria, con final de plot twist, es tener mucha fe en ti misma y en tu historia. 

Aparte de Harry, he leído mucha mierda adolescente. He leído todo lo que ha caído en mis manos y me ha interesado, vaya. Menos los libros pedantes que solo se leen para contar que se han leído. Así descubrí, entre otras muchas, a la Anastasia Krupnik que se inventaba sustantivos de Lois Lowry. Tras un vacío existencial de contenido a los veintipico que ahora llenaría el Young adult, di con Partir de Lucía Baskaran y otras mujeres del mercado español como Sabina Urraca o Elisa Victoria y —salvando las tremendas distancias— me sentí dentro de alguna parte —no sé muy bien cuál—. 

Qué decir: la Woolf me alumbró con su habitación propia y la Plath me enfebreció de ira por el juicio público a la que ha sido sometida, con el que discrepo. La reputación de las mujeres nunca es justa; menos si son escritoras. Además, las notas de la Duras me ayudan porque no quiero que me pase lo que a ella: eternamente pillada de un mismo tema, de los hombres que me aman o no me aman.

También he descubierto algunas joyas nórdicas como Perdón de Ida Hegazi o El deshielo de Lize Spitz.  Como novelista, mi preferida es quizá Lionel Shriver: siempre temática interesante, actual y bien contada. Elena Ferrante —pseudónimo— tiene la virtud de engancharte el culo a la silla para beberte mil páginas de su tetralogía en dos semanas, a pesar de que sus recursos narrativos son más bien escasos. Y, como escritora, intento gustarme a mí misma un poco también, aunque no siempre lo consigo —¿puedo hacer aquí spam de mi libro?—.  ¡Feliz día a todas!

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