Condicional – colab Club de Hescritura + Mantisas

Si pudiera, me rompería. Si pudiera, lloraría con una tristeza cansada de callarse, de atragantarse entre los dientes. Si pudiera, escupiría la pena, cagaría de murria hasta ahogar de mierda a MisterWonderful y los helados de vainilla. Si pudiera, descorcharía mi rabia y con el pop de mi retina destrozada, de mi vena hinchada, empezaría a llenar copas de sal. Si pudiera, sangraría palabras y hendiría las cuencas de mis ojos con un taladro. Si pudiera, pediría a la moneda del pozo que me diera llanto. 

Si pudiera, destejería de un tirón el manto de indiferencia raído que en su día lucí con gusto encima de mis hombros. Enhebraría su hilo cansado en una aguja de plomo con la que cosería un propósito, algo en qué creer. Sería valiente. Quebrantaría, si fuera necesario, todas las leyes. Y no pediría perdón.

Si pudiera, leería más. Qué tontería, con lo fácil que es. Ojalá no haberme instalado la televisión a los pies de la cama. Acollada a la pared, la tía, de ahí no hay ya quien la mueva. Y, todas las noches, serie. Cuando las noches solían ser libro. Y descansaba mejor. Y solía soñar bonito. Y, todas las mañanas, redes. Cuando las mañanas solían ser páginas. Y despertaba mejor. Y solía escribir honesta.

Si pudiera, me bebería una cerveza de una jarra olvidada en cualquier barra de bar. Le pediría fuego al notas con el pelo verde, solo por saber si es fachada o en verdad es un introvertido que lleva tres años en primero de informática. Le pondría una peluca afro a mi abuelo, y le enseñaría el vídeo de la casa de Drake. Y me diría que es muy triste, que no tiene ni una lámina colgá. Le daría las indicaciones incorrectas a los turistas, no por tener malas intenciones, sino para que descubran calles nuevas de la ciudad.

Si pudiera, me peinaría el litoral con el coche, monte a monte, y subiría hacia los Pirineos y bajaría por tu espalda, pero no te llamaría a ti; sino que dejaría otra vez que me resguardara la ciudad de los arcos donde jamás mojaba si llovía. Brindaría con la música de los AirPods y sudaría ritmos de todos los elementos: de los altavoces de los coches, de los pájaros de los árboles, de las arcadas de los borrachos, de los gemidos de las putas, del hilo musical de los semáforos. Y besaría a quien se dejara, hombre, mujer o niñe. Me rozaría con cada pliegue de carne y poste de farola y me llevaría las manos a la boca para chupar el rastro de virus aniquilado.

Texto (en orden de párrafo): Quino Tomás Pérez (@jj_quino) + Jordi Ciurana (@jordiciurana) + Marta Soria Carro (@viernesotevas) + Sofía Martín (@sofiamartinj) + Andrea Tovar (@atovv)

\ Ilustración: Alicia Mazón (@_mantisas_)

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