Confesiones- V

Hoy es uno de esos días en los que nada tiene sentido. Y a la vez todo tiene sentido.

Esos días son los peores. Y los mejores.

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«Me gusta lo que escribe. El rojo no, pero la empodera», me dijo una amiga que le había dicho un amigo.

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Mi rojo deja las toallas rosas y un reguero de sangre falsa de Hollywood en las duchas públicas. Todavía nadie ha asomado la cabeza a ver si me estoy muriendo. Me gustaría mucho que alguien se preocupara por si me estoy suicidando en directo. Supongo que la de al lado piensa que ya lo tiene todo controlado la de enfrente, porque estamos separadas solo en los laterales, como los caballos. Así que lo máximo que pensarán es «vaya cerda, esto es su regla». Pero ellas, si son mujeres, saben muy bien que la regla no destiñe así. No cae por el desagüe en un torrente rosita. Eso lo deben saber. Si son tan viejas que la menopausia les ha causado amnesia, ese es otro cantar.

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Elegí la natación como deporte porque Zumba me sonaba a Maruja-limón.

Estaría bien decir que pensé en una actividad física que durara toda la vida, para poder tener el cuerpo igual que la anciana que tomaba el sol en tetas -negras ya- en el solárium: con la piel colgajo y los músculos firmes. Qué pedazo de anciana.

Sin embargo, no es verdad. Yo no pensé en eso. Simplemente me gusta estar a remojo. Me jode cantidad remojarme solo en verano. Prefiero hacerlo todo el año.

Por eso me apunté a piscina. Para nadar a la velocidad de las viejas chochas y de las ancianas molonas.

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Hoy he pensado que el deporte que uno escoge se parece a cómo elige el amor. Hacerlo, practicarlo.

A mí me apetece zambullirme en aguas calientes. Punto. No pienso en los «para toda la vida».

Los hay compulsivos. Las pesas. Las hay que solo quieren resultados. Las Zumba.

Yo solo quiero remojarme.

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En una de las últimas peleas con mi ex «para toda la vida», se le escapó que se había tirado a una pelirroja.

Me he acordado así, por flashazo. Y luego me ha extrañado que no cayera en eso antes de teñirme de pelirroja yo.

—Me alegro de que ya no estemos juntos —me dijo, cuando le mandé una foto del tinte nuevo—. Pareces Melisandre.

—Pero Melisandre está buena, ¿no? —contesté yo.

—Sí, pero sale en una serie donde también hay dragones.

Supongo que la chica a la que se tiró era pelirroja natural.

Supongo que mi ex «para toda la vida» no creía mucho en eso de empoderarse.

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La mascarilla roja me ha dejado el cráneo manchado. Por eso hoy solo he tomado el sol con ropa -hacía frío- y me he vuelto a casa en la moto. Estoy helada.

De camino he visto a dos tíos que iban paseando. He pensado, también en flashazo: podría tirarme a cualquiera de los dos. Supongo que son gays, y que además son pareja. No por nada, es que esas cosas suelen pasar.

Lástima que necesite sentir cosas. Meter los piececillos en el agua antes de remojarme bien. Comprobar la temperatura.

Si no, me congelo.

 

 

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