Mail que me mandó un amigo cuando estaba en la mierda

Querida Andrea,

Lo primero que quiero decirte es que te quiero y que me gustaría estar más cerca de ti. No es por empezar este mail con un aire a melodrama, sino porque realmente lo siento y es sin duda la parte más importante de este mensaje. Percibo tu estrés y tu angustia a distancia, así que relaja la raja y no te exijas ahora mismo emprender un éxito literario en las webs de artículos basura: todo llegará. Escribe para ti, lo que necesites; como y cuando lo necesites. Yo te leo encantado lo que me mandes, y Sonia y Ro seguro que también.

Y ahora vamos a quitar el tono condescendiente y te voy a hablar claro: sé que sientes que estás jodida ahora mismo y que estás en el pozo, pero créeme cuando te digo que he estado ahí (creo que voy saliendo poco a poco) y se sale. De todo se sale. Y sí, a mí también me daba rabia que me dijeran esto que te acabo de decir.

Creo que sería suficientemente irónico si redactara este email como uno de esos artículos que escribes y acaban con un título que te hace pinchar en ellos. Algo así como: 5 cosas que he aprendido yendo a terapia. Cuando en realidad acaban siendo 5 enunciaciones sin sentido y completamente decepcionantes. Pues bien, empecemos:

¡5 cosas que he aprendido yendo a terapia!

1. No voy a escribirlas siguiendo un orden. Voy a vomitarlas sin más tal y como vengan. Y ya tú si eso las resignificas dándoles una posición. Esto es: el orden es importante, pero es importante porque es mío, no porque al adoptarlo cambie nada. Yo he sentido la necesidad de dar mucho orden y mucha estructura a mi vida en el último año y medio. Si tengo un orden no tengo por qué tener un plan, ni una dirección concreta; pero a priori, organizar es una cosa que puede quitarme peso de encima. A posteriori, si he seguido unas pautas y no he obtenido lo que buscaba, quizá pueda llegar a alguna conclusión. La conclusión puede ser falsa o inesperada, pero al menos tengo algo.

2. Es bueno no tener un orden. Y por lo tanto tengo que perderle el miedo a la contradicción. He encontrado mi vida llena de estas en el último año y medio. Soy pura contradicción, sumas y restas; pulsiones que mecen una balanza. Al final siempre termino en lo mismo: en una conversación conmigo. Todo lo que me genera conflicto acostumbra a ser una falta de comunicación entre dos partes mías, que son opuestas, aunque complementarias. Por esto te digo que empiezo a entender que hay virtud en la conversación y en la convivencia. Espera, que un mosquito acaba de posarse justo aquí. Ya. He arrastrado sin querer su sangre y llega hasta esta línea, es más, no sólo hasta aquí, sino justo hasta aquí.

3. La atención. Creía que veía y que vivía a través de los ojos y del resto de mis sentidos, pero es la atención la que para mí resulta determinante. Cuando pongo toda mi atención en una sola cosa, descuidando las demás, sin haber negociado concesiones en la convivencia entre las partes, surge el conflicto con todas sus fases: la ira del enfado, la culpa del haberme herido, la tristeza del haberme ignorado. Y todo esto con uno mismo. ¡Cómo voy a vivir en pareja si parece que viviera con 10 personas! Cuando hago deporte, por ejemplo, la atención se va al cuerpo desde donde estaba, que suele ser el trabajo, y todo lo demás se oxigena. Mi cabeza respira. La atención es fundamental.

4. No quiero que haya un punto cuatro. Estoy en mi legítimo derecho de no escribirlo, porque justo ahora estoy escuchando a una parte de mí que me pide que no lo haga. Vivo esta petición, la entiendo y decido respetarme y respetarla. Así que no hay punto cuatro. Y las voces que me persiguen a veces, diciéndome lo que tengo que hacer se callan y si no se callan trataré de centrar mi atención en otra cosa, como respirar.

5. Respirar. Que no te vendan humo. Respirar está bien y todo eso. Que si hiperventilas un poco, pues ya te relajas y tal. Pero a mí lo que más me tranquiliza de lo de respirar, es saber que basta con eso. Basta con respirar para justificar que existo. La puta casualidad de que puedo hacerlo en este preciso momento me da todo el derecho que necesito para existir; bien me quieran, me odien o me persiga la ley. Existo y tengo derecho a hacerlo por una mera voluntad biológica de mi cuerpo. Todo lo que viene a continuación es amor. El que tengo proporcionarme y que he de buscar y dar en/a los demás.

6. Todo puede cambiar. Las premisas que marqué en un inicio, mi punto de vista, la concepción que tenía de mí mismo, la familia: esto es así, y parece que hemos venido jugar. No le tengas miedo a la terapia, a mirar a todos los sitios donde no quieres mirar. Todo lo negro que parece al principio, luego es igual de negro, pero tienes más luces alrededor, y parece que ya hay matices en ese negro y que incluso distingues algunas sombras que definen el volumen de la masa oscura y todo se antoja, de alguna forma: mensurable.

Un millón de besos.
Adrián
___

Hace un par de años mi amigo Adrián me envió este mail. Solemos hablar mucho y a través de todas las vías posibles, las que nos permite la distancia y algunas ruedas.

Y aunque no era el objeto -para nada- de esta publicación, aprovecho y digo que pronto le van a publicar un poemario que es delicado y salvaje como él, brutalmente sincero y tiernecito por dentro.

Yo más no le puedo querer.

Si queréis quererle también, seguidle en IG: @egolastres. También yo iré dando el follón con la info al respecto.

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