Los pelos crecen- Revista RSC

 

Ahí estaba yo, en mitad del paritorio, con las manos metidas en el coño de tu chica. Cosiéndole los labios vaginales después de la episiotomía que le he practicado, porque tu hijo ha salido demasiado rápido, no me iba a dar tiempo a proteger la deflexión de la cabeza para que no desgarrara a su madre, he tenido que meterle el dedo pulgar en el periné para hacer hueco, pero aun así he preferido rajarla yo directamente. Después de que asomara la cabecita llena de pelo, de que sacara los hombros al mundo, de que se le viera la espalda cubierta de lanugo, como una capa de débil terciopelo, después de colocar a tu retoño en el vientre de su madre, he sonreído. He sonreído como siempre hago cuando ayudo a un bebé a salir. He sonreído mientras le cortaba el cordón umbilical y esperaba a que tu chica expulsara la placenta, el alumbramiento que se llama, vaya, a ti no te interesaban mucho los términos médicos pero así se llama, y ahora quizá te interese más porque esa placenta es de tu chica y no de una paciente cualquiera. El caso es que ahí estaba yo, sonriendo como una subnormal. Cosiendo la herida que le he dejado en el coño mientras me enteraba de que esa era tu chica y el niño que se habían llevado los pediatras a la incubadora, tu hijo.

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Revista RSC (Relatos Sin Contrato)

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