Ser adulto (Aprendizaje kafkiano)- Revista RSC

No había manera de que se fueran. De verdad. Que si acordaos de rellenar las botellas de agua en el grifo del patio interior, que si sacad la basura que luego la cocina apesta, que si tapad los muebles del porche con las sábanas viejas antes de ir a dormir, que si cerrad bien la cancela de fuera.

–Dentro de poco nos advertirán de que invitar a casa a un extraño es peligroso.

–Y de que no debemos aceptar sus caramelos.

–Y de que si llegamos tarde a casa nos puede raptar el hombre del saco.

–Uf, calla, el hombre del saco era real, ¿no?

Reímos por lo bajini.

Nuestros padres cerraron por fin la puerta tras de sí y dimos por inauguradas las vacaciones. Las de verdad: cuatro días de libertad absoluta.

Cualquier par de hermanos, en una situación semejante, habría organizado un sinfín de bacanales orgiásticas regadas de cubateo y reggaeton, pero ese no era nuestro estilo. Jaime y yo éramos más pedantes. En seguida nos instalamos cada uno en un rincón opuesto de la casa, equipados con libros, el ordenador, sendas libretas de notas, él con su guitarra y yo con mi caballete. Éramos unos perfectos eruditos encerrados en una casa silenciosa.

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Revista RSC (Relatos Sin Contrato)

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